Las Otras Invencibles
La Segunda Armada 1596
Tras el ataque a
Cádiz, Felipe II envió la segunda armada contra Inglaterra, se reunió en el
Ferrol y La Coruña; la integraban 7 galeones, 45 mercantes armados y 40
transportes, bajo el mando del adelantado de Castilla Martín Padilla. Marcos de
Aramburu, general de 11 galeones y 4 pataches, salió de Cádiz, conduciendo
pertrechos para armar otros 11 galeones construidos en Guipúzcoa, pero como los
vientos contrarios, lo retuvieron, Padilla no le esperó al considerar que ya
era tarde para navegar hacia el Norte (los hechos le demostraron que tenía
mucha razón), El plan consistía en dirigirse a Irlanda y desembarcar 15.000
soldados. Nada más salir del puerto el 28 de octubre, una terrible tempestad
los alcanza hundiendo alrededor de 40 naves (otros datos las cifran en 32) el
resto fueron dispersadas hacia el litoral de Vizcaya, Padilla logró regresar al
Ferrol con unas pocas naves, cerca de 3.000 hombres murieron.
Perdidas
reconocidas: 4 de Su Majestad (incluido galeón Santiago de 900 t), 3 de
particulares (incluida nao Anunciada De Portugal 1.000 t y
galeón Capitana De Ivella 1.100 t), 13 urcas y 5 naves más pequeñas.
Total 25 naves perdidas (luego 32).
La Tercera Armada 1597
Los primeros meses
de 1597 se emplearon en reconstruir la flota aniquilada por la mar y en
fortificar la bahía de Cádiz, víctima de la piratería inglesa: Las ordenes del
rey eran de fletar y embargar las naves necesarias, acopiaba municiones y
juntaba soldados. Servía la bahía de El Ferrol de lugar céntrico a los navíos
provenientes de Guipúzcoa, Vizcaya, Lisboa, Andalucía e Italia, componiendo
escuadras mandadas por Aramburu, Antonio de Urquiola, Bertendona, Villaviciosa,
Oliste, Zubiaur. Bajo la jefatura del adelantado de Castilla Martín Padilla
capitán general y Don Diego Brochero, almirante.
A fecha 5 de
febrero se concentraban en El Ferrol: 20 navíos de Su Majestad (incluido la
capitana real, el galeón San Pablo de 1.200 t, y la almiranta
general San Pedro de 1.000 toneladas y San Bartolomé de 900 t);
13 navíos de particulares (incluido el galeón Almiranta de Ivella de
1.200 t, galeón Misericordia de 1.000 t, galeón San Mateo y San
Francisco de 900 t); 26 urcas alemanas y 25 urcas flamencas. Total 84
naves con 25.911 toneladas.
Los ingleses, no se
descuidaban preparando una armada de no menos consideración; 120 naves grandes
y pequeñas al mando del conde de Essex, teniendo por subordinados a los
almirantes Tomas Howard y Walter Raleigh y al de Holanda, que se incorporó con
25 navíos. Habiendo sido más diligentes, salieron de Plymouth el 9 de julio,
con intención de atacar El Ferrol. Pero una tormenta les ocasionó grave
percance, dispersándolos, yendo a juntarse en las islas Terceras, a esperar a
las flotas de Indias como segunda parte de su objetivo. Walter Raleigh, el
primero en llegar desembarcó en Fayal, disgustando a Essex por hacerlo sin su
orden (ambos tenían rivalidad por los favores de la reina). El conde de Essex
sería decapitado en Londres al año siguiente recuperando Raleigh la condición
de favorito. Juntos fueron a la isla de San Miguel, pero las flotas españolas
no estaban allí, averiguaron que guiándolas el general Juan Gutiérrez de
Garibay, al saber que tantas naves le esperaban, se había refugiado en Agra
(isla Tercera), mientras ellos andaban por las otras, había desembarcado el
tesoro, poniéndolo en el castillo y montado en la playa baterías con las piezas
gruesas de los galeones y trincheras con la madera. El conde de Essex se acercó
a tiro de cañón, recibiendo su capitana dos impactos, retirándose a distancia
prudente a la espera de que los navíos españoles se decidieran a salir. Garibay
reunió consejo y decidió salir, encontrándose en el canal entre islas, la
escuadra de William Monson, cuya fuerza era insuficiente para retenerlo, aunque
mandó aviso al resto, no pudo impedir que escapara logrando entrar en Sanlúcar
con el tesoro.
Mientras el 1 de
octubre, Martín Padilla, reconocía su armada 136 navíos de 34.080 toneladas, 24
carabelas, 8.634 soldados, 4.000 marineros, debiendo de agregarse Marcos de
Aramburu, con la escuadra de Andalucía de 32 navíos, conduciendo dos tercios de
infantería de Nápoles y uno de Lombardía. Todas estas embarcaciones no se
encontraban en estado satisfactorio, a pesar de haberse empleado un año en prepararlas;
estaban muy escasas en víveres y municiones, por lo cual la gente embarcada
salía, no de buena gana, pero las ordenes del Rey no consentían mayor dilación:
apremiando la salida por dos razones, una el adelanto de la estación otoñal, la
otra la ausencia de las escuadras inglesa y holandesa, en la imprudente y
desgraciada para ellas empresa de las Terceras, que dejaba abierto el Canal e
indefensas sus costas, no se consintió a Martín Padilla, esperar a al escuadra
de Aramburu detenida por vientos contrarios en la costa de Portugal.
La Gran Armada
salió de la Coruña con orden de encaminarse a Falmouth, punto de Inglaterra
elegido para la invasión. Puestos a la vela el 19 de octubre con buen tiempo,
llegaron en tres días al Canal, donde se desató un vendaval que desarboló la
almiranta de Brochero, con varios navíos grandes y muchas urcas y otros navíos
pequeños. Se ordenó la dispersión, sin ver entre ellos las ordenes, algunos
fueron a los puertos de Holanda, otros a Normandía y Bretaña, incluso 7 llegaron
a desembarcar en Inglaterra 400 hombres, que se parapetaron, hasta que al ver
la tardanza del resto, se reembarcaron. Hubo pérdidas, pero ni mucho menos las
argumentadas por los ingleses y algunos historiadores españoles. El 21 de
noviembre, sólo en los puertos de la Coruña y El Ferrol se contaron al ancla
108 navíos, sin los de Aramburu, no llegados todavía (el historiador inglés
John Payne escribe que 18 naves, perecieron y otras se vieron obligadas a
entrar en puertos ingleses y rendirse ... Le Clerc no contó más que 2 galeones
y 5 naves hundidas ... Larrey un navío arrojado a la costa de Darmouth ...
Lingard supone que se perdieron 16 naves en el golfo de Cantabria) de parte
española un fraile en la Coruña, escribió que se perdieron el galeón San
Lucas, una urca y otro bajel y días después el galeón San
Bartolomé).
En 1598 una armada
inglesa de 16 navíos dirigida por el almirante Cumberland, apareció en
Portugal. Su gente desembarcó en Cascaes, robó, incendió y siguió hacia Lisboa.
La capital fue brillantemente defendida. La escuadra salió a alta mar, se
esperaba la llegada de un convoy de América, pero avisado a tiempo, su jefe lo
arrumbó a Cádiz.
El 11 de junio de
1598 habían aparecido ante La Coruña 60 velas, a éstas se les unieron otras
hasta 74, pertenecientes a las Provincias Unidas mandadas por el almirante Van
der Dous. Aparecieron después el 26 de junio ante la ciudad de Las Palmas de
Gran Canaria, atacaron con 4.000 soldados y tomaron la ciudad. Luego se
dirigieron a la Gomera, dividiendo luego su fuerza en dos, destacando al
vicealmirante Juan Gerbrantsen con 35 naves a las Terceras esperando el paso de
las flotas de Indias, pero avisadas éstas, invernaron en La Habana.
De nuevo y al mando
de Martín Padilla con poderosa escuadra de 50 navíos y 8.000 hombres, salió al
encuentro de los holandeses, algo tarde ya, por lo que hubo de luchar contra
los temporales tremendos sobre la isla de Flores a fines de septiembre,
dispersa la poderosa flota, muchos navíos se ven obligados a tirar al mar su
artillería, sin mástiles, velas ni jarcias. 2 llegaron medio deshechos a
Galicia, otros 2 desaparecieron y el general llegó con 13 descalabrados a
Cádiz, pendientes de múltiples reparaciones.
En 1599 son
atacadas las Azores por los holandeses; el duque de Lerma zarpa con 56 bajeles,
pero las tempestades las deja maltrechas y dispersadas.
La Cuarta Armada 1601
La cuarta Armada
contra Inglaterra o Irlanda se reunió en el Ferrol y Lisboa ordenándola Diego
Brochero, saliendo la primera expedición en septiembre de 1601, con 4.000
hombres. Se sabe que Don Juan del Aguila desembarcó en el puerto de Kinsale el
8 de octubre. El virrey inglés Lord Mountjoy, acudió inmediatamente con
8.000-9.000 hombres. Al poco llegaron a Baltimore los navíos que se habían separado
en el primer viaje y llegaron a La Coruña con el lugarteniente Alonso Docampo y
2.000 hombres más. El conde Tyrone se les unió con 4.000 más de sus
partidarios. Docampo trató de unirse a Don Juan De Aguila, pero abandonados por
los irlandeses fueron finalmente derrotados. Aguila al ver que el levantamiento
irlandés no era efectivo pactó rendirse con condición de ser repatriados y el
virrey inglés aceptó y los soldados volvieron en navíos ingleses a la Coruña.
La historia la escriben los ganadores
De la expedición
que Walter Raleigh hizo en busca de ‘El Dorado’ en 1595... de los 28 navíos que
partieron de Plymouth en agosto de 1595 para conquistar el istmo de Panamá sólo
regresaron 14, muchos de ellos maltrechos y derrotados, con numerosas bajas
humanas, entre ellas los dos mejores almirantes ingleses de su siglo, John
Hawkins y Francis Drake. Los historiadores ingleses no lo mencionan, ni los
desembarcos españoles, ni la recuperacion española, ni las flotas de más de 100
buques de 1596 y 1597 frenadas por los temporales. Tampoco mencionan el
maltrato a los supervivientes españoles, en su mayoria brutalmente asesinados
(los supervivientes británicos en Trafalgar fueron tratados como caballeros) y
lo más aún, numerosos historiadores britanicos al afirmar que la Armada
Invencible contaba con 130 naves (sólo 32 galeones de guerra), olvidan que la
inglesa contaba con 160 naves de guerra (entre la flota de refuerzo de Seymour
y Winter y la flota de Howard) a añadir las 35 naves ligeras y bien armadas del
holandés Justino de Nassau; en total 195. En batalla sólo se perdieron 4 barcos
frente a los ingleses; de esos barcos dos encallaron, uno varaba frente a
Nieuport y sólo uno resultaba hundido. Ni un solo brulote de los 8 enviados por
Howard llegó a alcanzar a algún barco español mientras se refugiaban en Calais;
tan sólo rompieron su formación, inexpugnable para la flota inglesa, lo que les
permitió dispersar a los barcos.
En Gravelinas, la
Armada sólo tuvo tres bajas: la galeaza San Lorenzo, que se rindió con 400
hombres casi al instante, y los galeones portugueses San Mateo y San
Felipe, capturados por los holandeses. Acabaron dañados y sin
municiones, y no obstante Medina Sidonia aun mandó poner rumbo a Calais para
ver si encontraban la (inexistente) flota de invasión, pero con los vientos del
sur, acabaron por rodear las islas británicas.
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