LSD para controlar mentes

Mucha gente conoce la historia del científico que, por accidente, sintentizó el LSD. El 16 de abril de 1943, el químico suizo Albert Hofmann estaba estudiando los compuestos químicos presentes en el cornezuelo, un hongo que infecta el centeno y que ha causado durante siglos graves disfunciones neurológicas a las personas que se intoxicaban con él. De repente, Hofmann empezó a notar alucinaciones y otras sensaciones distorsionadas. La culpa: la molécula dietilamida del ácido lisérgico o LSD.
Sin embargo, el incidente con la bicicleta, quizás el más conocido, ocurrió después, con Hofmann consumiendo conscientemente dicha droga sintetizada. «El 19 de abril, ingirió intencionadamente aquella sustancia química para estar seguro de que aquella nueva molécula de síntesis era la responsable de aquellas extrañas sensaciones físicas y psíquicas. Tuvo entonces el primer “mal viaje” en lo que se conoce como el día de la bicicleta. Hofmann ingirió 0,25 mg de LSD pensando que era un nivel umbral (en realidad es diez veces menor, unos 0,02 mg) y empezó a notar súbitos cambios en la percepción. Pidió a su ayudante que le acompañara a casa, montó en la bicicleta que era su medio de transporte por las restricciones de la Guerra Mundial que asolaba Europa y por el camino empezó a tener una sensación terrible de ansiedad combinada con la creencia de que su vecina era una bruja malvada, que se estaba volviendo loco y que se había envenenado con el LSD», explica en su libro Alonso.
Pero poco a poco estos angustiosos sentimientos se fueron convirtiendo en placer con visiones caleidoscópicas y fantásticas, plenas de colores vivos e irreales que se abrían y cerraban en círculos, espirales y surtidores. Así comenzó la era psicodélica.
La CIA vio el filón años más tarde, y entre 1953 y 1964 el gobierno norteamericano realizó pruebas clandestinas en personal civil y militar dentro del programa llamado «MK-Ultra». De carácter secreto, su objetivo era manipular la mente del enemigo. «Los sujetos de las pruebas eran ciudadanos estadounidenses y extranjeros que en la inmensa mayoría de los casos fueron sometidos a una experimentación sin su conocimiento ni su consentimiento», afirma Alonso, quien además explica que se utilizaron prostitutas como señuelo para atraer a los «participantes», a los que se les echaba LSD en las copas. «Los agentes de MK-Ultra utilizaron otros fármacos, hipnosis, deprivación sensorial, abusos sexuales y distintas formas de tortura», asegura el autor del libro.
La fabricación, venta y posesión de LSD fue declarada ilegal en los EE. UU. en 1967 y la Convención de Naciones Unidas sobre Sustancias Psicotrópicas pidió su prohibición a nivel mundial en 1971.

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