Las Corbetas del Rey
Allá por 1789 Alejandro Malaspina buscaba colaboradores para participar en una expedición científica que tenía previsto dar la vuelta mundo. Así que a construir un barco con lo que había a mano: madera, hierro, cáñamo, lona… No se repara en gastos y se instalan los últimos adelantos técnicos del momento como por ejemplo: un pararrayos. El resultado es una nave de 33,5 m. de largo donde han de convivir más de un centenar de personas durante no se sabe cuánto tiempo, con una alimentación pésima y una peor salubridad e higiene.
Se hicieron dos corbetas bautizadas Descubierta y Atrevida cuyos nombre rememoran dos de las embarcaciones que participaron en el viaje de James Cook; Discovery y Resolution.
¿Sistemas de navegación? Los justitos. Un reloj, un sextante y cartas náuticas (Al menos fueron las más actualizadas de la época. Las hechas por Cook en sus expediciones).
Aún así el rumbo siempre termina saliendo a ojímetro. Tengan ustedes en cuenta que las cartas de navegación eran todavía bastante incompletas y llenas de errores y además, uno de los instrumentos principales para hallar la longitud y latitud exacta son los relojes y en aquel entonces no destacaban precisamente por su precisión. Una variación de algunos minutos pueden significar muchas millas de diferencia y eso, si estás buscando un islote no muy grande, por ejemplo, puede resultar un serio problema.
Su propósito era dar la vuelta al mundo. Uno de los objetivos de la expedición era buscar un paso por el norte, por Canadá, que se creía que existía y que debía comunicar el Pacífico con el Atlántico. Como ya se puede suponer, no lo encontraron.
Buscando ese paso se internaron por una lengua de mar que se adentraba en la costa canadiense con la esperanza de que lo habían encontrado. Finalmente terminaron en una bahía cerrada que no llevaba a ningún sitio y a la que bautizaron como Bahía del Desengaño. A pesar de todo lograron traer mapas bastante precisos.
Muchos de esos instrumentos se tenían que idear sobre el terreno, como un termómetro necesario para medir la temperatura del agua de las profundidades. El problema era que si se echaba el termómetro a grandes profundidades, en el ascenso la temperatura variaba, por eso idearon un recipiente aislante fabricado a base de tela, madera y una cobertura de metal. Había que dejarlo mucho rato en el fondo pero conservaba la temperatura durante el tiempo suficiente.
Y no olvidemos los climas extremos que debían soportar con un equipamiento muy precario. Y enfermedades, algunas conocidas como el escorbuto y otras no tanto como la malaria (Antonio Pineda, teniente de infantería y científico, murió de fiebres en Manila).
Finalmente la vuelta al mundo no pudo ser completada aunque se superaron con creces las expectativas científicas.
En 1794, después de 5 años (iban a ser 4), llegaron por fin a Cádiz con un montón de vivencias y documentación científica de primer orden bajo el brazo.
Por unas desavenencias con Godoy, Malaspina terminó en prisión y todo el trabajo de la expedición archivado y condenado al olvido hasta hace no mucho tiempo que pudo ser recuperado y colocado en el lugar de honor que se merece.
La expedición
En octubre de 1788 el monarca Carlos III aprueba el plan presentado por el oficial de la armada Alejandro Malaspina con la intención de efectuar un viaje científico y político alrededor del mundo. Ahí comienza la exploración naval más audaz de cuantas patrocinase el tercero de los Carlos, propiamente conocida como expedición Malaspina.
Para navegar, el proyecto contó con las corbetas Descubierta y Atrevida, al mando de Alejandro y del también capitán de fragata José Bustamante y Guerra. Los preparativos se efectuaron en un tiempo récord. No trascurrió un año y las embarcaciones estaban dispuestas, la tripulación reclutada, contratados los naturalistas, comprados los pertrechos y adiestrada la oficialidad. El jueves 30 de julio de 1789 las naves permanecen amarradas en el puerto de Cádiz, los tripulantes esperan nerviosos la inminente partida; como sucedió.
Cincuenta y un días tardaron en avistar tierra americana. El 19 de septiembre fondean en la rada de Montevideo. Amplios arroyos, hermosas alamedas, e inmensas dehesas pasto de vacas y caballos, rodeaban la ciudad cuyas calles sucias y mal empedradas no resultaban tan placenteras como los alrededores. El cerro del Pan de Azúcar domina el lado occidental convertido en un esplendoroso jardín botánico adornado de minúsculos colibríes.
Desde Montevideo la expedición abandonó la jurisdicción del océano Atlántico, reconocieron la costa patagónica, las islas Malvinas y bordearon el cabo de Hornos. En aguas del Pacífico los puertos de Concepción, Valparaíso, Coquimbo y Arica fueron las plazas elegidas para el atraque de las embarcaciones. La región era una mina deslumbrante con yacimientos de oro, plata, cobre y mercurio, hacia donde dirigía su ávida mirada la Corona.
La navegación prosiguió, atracaron en el puerto del Callao finalizando mayo. Se aprovecharía la mala climatología para administrar un merecido descanso. Compraron víveres, repararon las naves, ordenaron el material científico, y exploraron la región. El 20 de septiembre las corbetas volvían a navegar. Guayaquil, Panamá y Nicaragua eran los siguientes destinos en un litoral adornado con majestuosos volcanes. Las embarcaciones viajaron separadas para acelerar los reconocimientos, recuperando el retraso causado por los continuos periodos de calma. Acapulco sería la próxima cita; por poco tiempo pues marcharon sin dilación a reconocer la costa noroeste, buscaban el paso interoceánico descrito en el apócrifo viaje de Ferrer Maldonado, allá por 1588. El paso no existía.
Mientras las corbetas transitan las gélidas aguas del noroeste una comisión de naturalistas disfruta del calor mejicano. Recorrieron Petaquillas, Chilpancingo, Tasco, Cantarrana, Mochitlan, Méjico, Cuernavaca, Guadalupe, Puebla, y tantos otros lugares. A finales de noviembre la expedición se reagrupa en Acapulco dispuestos a reconocer las islas Marianas y Filipinas, donde pasarán la estación monzónica. Viajarán luego a Nueva Zelanda y Nueva Holanda; y llegaron a las islas de los Amigos disfrutando de un paradisiaco descanso agasajados por los nativos.
Amanecido el 1 de julio de 1793 las embarcaciones izan velas de regreso a España. El viaje finalizará recorriendo los diferentes paralelos de América meridional, corrigiendo posibles errores hidrográficos. Alcanzado el año 1794, mediado febrero, avistaron nuevamente Montevideo, puerto donde se unieron al convoy de Lima para realizar junto a la fragata de guerra Gertrudis la travesía hasta Cádiz en previsión de algún contratiempo bélico. La armada francesa era el enemigo. Transcurridos cinco años de navegación, el 21 de septiembre de 1794 las corbetas vuelven al fondeadero gaditano. No dieron la vuelta al mundo pero exploraron detenidamente tierras y mares de América, Asia y Oceanía.
El final fue dramático para Alejandro Malaspina. Reconociendo sus méritos, en 1795 fue nombrado brigadier y junto al ascenso se ganó la enemistad de Manuel Godoy. No tardó el primer ministro en urdir la trama necesaria para acusarle de instigador y revolucionario. Malaspina es arrestado, juzgado y sentenciado a diez años y un día de prisión en las mazmorras del castillo coruñés de San Antón. En 1803 la pena fue conmutada por el destierro a Italia trasladándose a Génova. Fallece en Pontremoli el 9 de abril de 1810. Un vergonzante proceso político puso colofón al episodio viajero más destacado de la centuria, tirándose por la borda años de duro trabajo dedicados a componer la historia de nuestra América.
Fuentes:
http://www.fbbva.es/microsites/malaspina/index.html
http://www.expedicionmalaspina.es/Malaspina/Main.do#content:Malaspina
La expedición
En octubre de 1788 el monarca Carlos III aprueba el plan presentado por el oficial de la armada Alejandro Malaspina con la intención de efectuar un viaje científico y político alrededor del mundo. Ahí comienza la exploración naval más audaz de cuantas patrocinase el tercero de los Carlos, propiamente conocida como expedición Malaspina.
Para navegar, el proyecto contó con las corbetas Descubierta y Atrevida, al mando de Alejandro y del también capitán de fragata José Bustamante y Guerra. Los preparativos se efectuaron en un tiempo récord. No trascurrió un año y las embarcaciones estaban dispuestas, la tripulación reclutada, contratados los naturalistas, comprados los pertrechos y adiestrada la oficialidad. El jueves 30 de julio de 1789 las naves permanecen amarradas en el puerto de Cádiz, los tripulantes esperan nerviosos la inminente partida; como sucedió.
Cincuenta y un días tardaron en avistar tierra americana. El 19 de septiembre fondean en la rada de Montevideo. Amplios arroyos, hermosas alamedas, e inmensas dehesas pasto de vacas y caballos, rodeaban la ciudad cuyas calles sucias y mal empedradas no resultaban tan placenteras como los alrededores. El cerro del Pan de Azúcar domina el lado occidental convertido en un esplendoroso jardín botánico adornado de minúsculos colibríes.
Desde Montevideo la expedición abandonó la jurisdicción del océano Atlántico, reconocieron la costa patagónica, las islas Malvinas y bordearon el cabo de Hornos. En aguas del Pacífico los puertos de Concepción, Valparaíso, Coquimbo y Arica fueron las plazas elegidas para el atraque de las embarcaciones. La región era una mina deslumbrante con yacimientos de oro, plata, cobre y mercurio, hacia donde dirigía su ávida mirada la Corona.
La navegación prosiguió, atracaron en el puerto del Callao finalizando mayo. Se aprovecharía la mala climatología para administrar un merecido descanso. Compraron víveres, repararon las naves, ordenaron el material científico, y exploraron la región. El 20 de septiembre las corbetas volvían a navegar. Guayaquil, Panamá y Nicaragua eran los siguientes destinos en un litoral adornado con majestuosos volcanes. Las embarcaciones viajaron separadas para acelerar los reconocimientos, recuperando el retraso causado por los continuos periodos de calma. Acapulco sería la próxima cita; por poco tiempo pues marcharon sin dilación a reconocer la costa noroeste, buscaban el paso interoceánico descrito en el apócrifo viaje de Ferrer Maldonado, allá por 1588. El paso no existía.
Mientras las corbetas transitan las gélidas aguas del noroeste una comisión de naturalistas disfruta del calor mejicano. Recorrieron Petaquillas, Chilpancingo, Tasco, Cantarrana, Mochitlan, Méjico, Cuernavaca, Guadalupe, Puebla, y tantos otros lugares. A finales de noviembre la expedición se reagrupa en Acapulco dispuestos a reconocer las islas Marianas y Filipinas, donde pasarán la estación monzónica. Viajarán luego a Nueva Zelanda y Nueva Holanda; y llegaron a las islas de los Amigos disfrutando de un paradisiaco descanso agasajados por los nativos.
Amanecido el 1 de julio de 1793 las embarcaciones izan velas de regreso a España. El viaje finalizará recorriendo los diferentes paralelos de América meridional, corrigiendo posibles errores hidrográficos. Alcanzado el año 1794, mediado febrero, avistaron nuevamente Montevideo, puerto donde se unieron al convoy de Lima para realizar junto a la fragata de guerra Gertrudis la travesía hasta Cádiz en previsión de algún contratiempo bélico. La armada francesa era el enemigo. Transcurridos cinco años de navegación, el 21 de septiembre de 1794 las corbetas vuelven al fondeadero gaditano. No dieron la vuelta al mundo pero exploraron detenidamente tierras y mares de América, Asia y Oceanía.
El final fue dramático para Alejandro Malaspina. Reconociendo sus méritos, en 1795 fue nombrado brigadier y junto al ascenso se ganó la enemistad de Manuel Godoy. No tardó el primer ministro en urdir la trama necesaria para acusarle de instigador y revolucionario. Malaspina es arrestado, juzgado y sentenciado a diez años y un día de prisión en las mazmorras del castillo coruñés de San Antón. En 1803 la pena fue conmutada por el destierro a Italia trasladándose a Génova. Fallece en Pontremoli el 9 de abril de 1810. Un vergonzante proceso político puso colofón al episodio viajero más destacado de la centuria, tirándose por la borda años de duro trabajo dedicados a componer la historia de nuestra América.
Fuentes:
http://www.fbbva.es/microsites/malaspina/index.html
http://www.expedicionmalaspina.es/Malaspina/Main.do#content:Malaspina
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