El sistema de convoyes español sí funcionó
Inspirado por un memorial del almirante Pedro Menéndez de Avilés, Felipe II estableció mediante real cédula las condiciones para asegurar un sistema de defensa naval inmune a los ataques piratas, cuyos rasgos más característicos y perdurables estaban ya asentados para 1561. El viaje de la Flota de Indias se efectuaba dos veces al año. El punto de partida se emplazaba en Sanlúcar de Barrameda, donde la flota realizaba las últimas inspecciones, y desde allí partía hacia La Gomera, en las islas Canarias. Tras la aguada (recoger agua en tierra), la escuadra conformada por unas 30 barcos navegaba entre veinte y treinta días, en función de las condiciones climáticas, hasta las islas Dominica o Martinica (Centroamérica) donde se reponían los suministros. Desde allí cada barco se repartía hacia su puerto de destino.
El convoy era encabezado por la nave capitana, mientras los galeones mejor artillados se situaban a barlovento (donde sopla el viento), para proporcionar escolta al grupo. El objetivo era que ningún barco se perdiera de vista o se desviara del rumbo. Por la noche, los bajeles encendían un enorme farol a popa para servir de referencia al que tenían detrás. Este sistema, que Menéndez Avilés inspiró y dio forma, permitió que entre 1540 y 1650 – periodo de mayor flujo en el transporte de oro y plata– de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España se perdieran únicamente 519 barcos, la mayoría por tormentas y otros motivos de índole natural. En contra del mito promovido por cine y literatura, solo 107 lo hicieron por ataques piratas, lo que suponía menos del 1%.

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