Críticas a Gautier

Se calcula que, entre 1786 y 1808, España invirtió en su Marina cerca de cuatro mil millones de reales. Y, sin embargo, no consiguió nunca equipar adecuadamente la escuadra. Eran numerosísimas las disposiciones existentes para su funcionamiento desde la época de Patiño, pero el problema era que no se aplicaban. Y hubo polémicas al respecto entre "la pluma" (los administrativos, los oficiales del ministerio) y "la espada" (el cuerpo general) sobre la publicación, que era una cosa, y la aplicación de las ordenanzas, que era otra.

Otra cosa parecida ocurría con la Marina mercante. La construcción de navíos aumentó considerablemente, pero en la última década del siglo el tonelaje mercante español era muy inferior al de otras naciones marítimas europeas. Venía a ser una décima parte del británico, y un quinto del francés. Y la mitad del danés o del de la península italiana. Y por si ello fuera poco los fletes, inseguros y onerosos, disuadían a los comerciantes de utilizar buques españoles en el tráfico con el extranjero.

En la obsesión reformista presente en todas las mejoras de la Marina, estaba detrás, además, el modelo francés. Así, por ejemplo, la creación del cuerpo de Ingenieros de Marina, con sus consiguientes ordenanzas, fue inspiración del constructor francés Gautier. Por éstas los tradicionales "constructores" adquirieron el más pomposo título de "ingenieros", con equiparación al cuerpo general. Pero, a pesar de todo, a pesar del considerable monto de partidas destinadas a los arsenales y a las mejoras de los barcos, las expectativas no se cumplieron. Y, con frecuencia, los oficiales superiores de la flota se convirtieron en administradores y custodios de la hacienda real.

En los momentos en que surge la estrella de Napoleón, la Marina española se regía por las nuevas ordenanzas generales de 1793, redactadas por Mazarredo durante el ministerio del bailío Valdés. Eran las ordenanzas más completas, como correspondía a una persona tan concienzuda y previsora. Pero la situación general hizo difícil su cumplimiento. Y, por otra parte, la profusión de medidas adoptadas en aquellos años fue tal -con instrucciones económicas para los arsenales, disposiciones sobre el servicio en los buques, arreglos en algunos cuerpos, matrículas, nuevos ordenamientos que no entraban en vigor- que hasta fue necesaria la publicación de un resumen de las aclaraciones, alteraciones o novedades de las disposiciones.

En la construcción de nuevos navíos fueron frecuentes los extranjeros. Y a veces se produce la impresión, al ver sus nombres y actividades (cartografía, artillería, fortificaciones), que la ciencia o la técnica española habían dejado de existir. La llegada de extranjeros aumentó en los años centrales del siglo y en los siguientes. La nómina de nombres ingleses en El Ferrol, Cádiz y Cartagena es sorprendente. Y hubo un momento en que el rey resolvió que fueran los contramaestres ingleses quienes dieran "la idea" en los aparejos de los navíos y fragatas y en el corte de las velas.

Aunque normalmente fue el "método francés" el que se siguió en las construcciones de los barcos. Método que fue inspirado por Gautier a base de barcos más grandes y más veleros. En su contra estuvo Jorge Juan, muy influyente en la Secretaría de Marina, porque consideraba poco apropiado el método francés. El francés recibió duros ataques también por parte de numerosos componentes de la Armada, algunos de los cuales se reflejan en la documentación oficial ("es un vago, no sabe nada, desarregla y destroza todo lo que toca, no dice la verdad").

El resultado de todas estas reformas y contrarreformas dio lugar a la existencia por parte de España de una armada aparentemente importante. Una armada que obnubiló a Napoleón, que tanto la precisaba, pero que acabó frustrándole completamente. Porque ni los barcos resultaron ser lo que se pensaba que eran, ni sus mandos, independientemente de sus aptitudes y pericias, consiguieron nunca los resultados que se esperaba de ellos en su colaboración con la aventura napoleónica.


Fuente: "Napoleón La aventura de España" de Manuel Moreno Alonso. Sílex Ediciones S.L.

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