En ruso, al piloto de un avión se le llama komandir korablyá, es decir, el ‘comandante de la nave'. Una expresión muy apropiada si el destino de tu vuelo es Baikonur, el primer centro de lanzamiento espacial de la historia.
Un viaje a Baikonur suele comenzar en alguno de los aeropuertos de Moscú, lo que significa que hay que usar los servicios de alguna aerolínea local que opera aviones de construcción soviética o rusa. Nada que objetar en este sentido, pero la disposición y estado de su interior es bastante, digamos, ‘curiosa’ comparada con una compañía de mayor tamaño. En cualquier caso, tras casi cuatro horas sobrevolando Rusia y la estepa kazaja, incluyendo alguna visita al baño del avión -un cuarto oscuro con menos volumen que el interior de una Soyuz-, el visitante aterriza en el aeropuerto Krainiy de Baikonur, situado a poca distancia de la ciudad. Nada más bajar del avión, lo primero que piensas es que has llegado a ninguna parte. La pequeña terminal y la pista que forman el aeropuerto son una isla en medio de la nada. O mejor dicho, una isla en medio de la inmensa e inabarcable estepa kazaja. ¡Desde aquí se lanzan naves espaciales tripuladas al espacio, por dios santo! Uno esperaría algo más grandioso. En este punto, el visitante se encuentra con una de las primeras peculiaridades de Baikonur: está terminantemente prohibido hacer fotos del avión en la pista o en la terminal. La segunda peculiaridad son los caballos y vacas que pastan a sus anchas cerca de la carretera y del río Sir Daria. El contraste con la exuberante vegetación de Florida, donde se encuentra el otro gran centro espacial del mundo, no podría ser más grande.
Como muchas otras prohibiciones que se dan por aquí, el asunto de las fotografías tiene que ver la curiosa división de la ciudad y el cosmódromo entre Rusia y Kazajistán desde la caída de la Unión Soviética en 1991. Como es sabido, cada año Rusia le paga al país vecino una generosa cantidad de rublos a cambio de mantener el cosmódromo bajo su soberanía. Pero el arreglo no incluye a todo el cosmódromo como un todo. Hay zonas kazajas y zonas rusas, e incluso algunas partes son tierra de nadie. Esta indeterminación se extiende a la ciudad. Teóricamente, la ciudad es territorio ruso, pero en la práctica la situación es más compleja.Y es que hoy en día Baikonur es una especie de Berlín en plena Guerra Fría, una ciudad divida en sectores en que los dos países se reparten se influencia. No hay muros ni vallas que separen las zonas -aunque sí que hay controles en las carreteras de acceso-, pero los extranjeros deben tener cuidado dónde ponen el pie. Al menos en teoría, porque lo cierto es que en la práctica nadie te dice nada siempre y cuando te mantengas dentro del perímetro de la ciudad.
Durante muchos años, la ciudad de Baikonur no tuvo un nombre concreto. Primero se conoció simplemente como 'Área 10', y posteriormente pasó a denominarse sucesivamente Zaryá, Leninsky y Leninsk. Finalmente, fue bautizada como Baikonur, al igual que el cosmódromo, que -como veremos- tiene su propia y compleja historia en cuanto a nombres se refiere. Hoy en día Baikonur es una ciudad de contrastes, donde conviven kazajos y rusos junto otras minorías étnicas. El espacio es el motor de la ciudad, pero lo curioso del caso es que mucha gente de la calle vive de espaldas a esta actividad. Con la excepción del personal que trabaja en el cosmódromo -una minoría-, el resto de la población -increíblemente cordial y atenta para los estándares rusos, por cierto- parece prestar poca atención a lo que ocurre unos pocos kilómetros más al norte, allá donde unos tipos muy extraños se dedican a lanzar cohetes. Como contrapunto, no es extraño encontrar a alguien que en su momento trabajó en el cosmódromo durante la época dorada -en los años setenta y ochenta-, cuando un porcentaje considerable del producto interior bruto de la URSS pasaba directa o indirectamente por esta ciudad. En Baikonur algunos taxistas o dependientes te pueden contar historias muy interesantes.
Y sin embargo, a pesar de la 'decadencia', Baikonur es un auténtico museo espacial al aire libre. La ciudad está llena de monumentos a los grandes Ingenieros Jefes, a los cosmonautas y al personal militar que vivió y murió en este remoto lugar de la estepa kazaja. Todo está relacionado con el espacio de alguna manera. Las calles y plazas llevan nombres de cosmonautas e ingenieros, mientras que los niños -¡la ciudad está llena de niños!- aprenden desde pequeños quiénes fueron Koroliov, Cheloméi, Yangel o Gagarin.
Hoy en día, Baikonur es una pequeña y agradable ciudad, pero su futuro es incierto. Rusia está construyendo el cosmódromo de Vostochni para evitar depender de su país vecino y nadie sabe si la ciudad será capaz de sobrevivir sin la actividad espacial. A pesar de todo, en pocos lugares del mundo puedes admirar tantos monumentos espaciales... ¡incluyendo un auténtico cohete Soyuz situado en medio de la calle! Sólo por eso ya merece la pena venir hasta aquí. Mientras veo cómo unos niños -¿rusos?, ¿kazajos?- se suben de forma bastante temeraria hasta la cima del viejo cohete, me pregunto si dentro de diez o venite años todavía se podrán ver lanzamientos espaciales desde aquí. ¿Se convertirá el monumento al Soyuz en un simple recuerdo de una época destinada a desaparecer?
El avión que me trajo a Baikonur levanta el vuelo poco después de dejarnos.
La terminal del aeropuerto y la 'fuente-Soyuz' a la salida.
Caballos en el río Sir Daria en Baikonur.
Por lo visto, ¡los camellos de Baikonur son de Lanzarote!
Uno de los murales espaciales que decoran las calles de Baikonur.
El famoso monumento a Gagarin.
Una calle de Baikonur con el monumento a la ciencia y al espacio al fondo.
El cohete Soyuz de Baikonur.
Una de las primeras locomotoras que se usaron el cosmódromo y en la ciudad. Baikonur se construyó con el tren.
El barco-bar de Baikonur.
El monumento a las víctimas de la Catástrofe de Nedelin.
Un misil MR-UR-100 de Yangel.
El monumento a Koroliov (arriba) y a Glushkó (abajo).
Monumentos a Gagarin y al Sputnik.
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En una realidad alternativa, el primer viaje tripulado a Marte bien podría haber partido desde aquí. Hablamos, claro está, del cosmódromo de Baikonur, la joya de la corona del programa espacial ruso. Un paseo por las enormes rampas de lanzamiento del desaparecido cohete Energía te recuerda que este monstruoso lanzador era capaz de situar más de cien toneladas en órbita baja. Una pena, porque hoy en día, sus instalaciones no son más que ruinas que se deshacen lentamente bajo el duro sol de la estepa kazaja.
La Rampa de Gagarin en Baikonur.
El amanecer saluda al cosmódromo (foto tomada cerca de la entrada).
El cosmódromo nació hace más de medio siglo. Corrían los años de la Guerra Fría y la URSS necesitaba un nuevo lugar de lanzamiento para el nuevo misil intercontinental R-7 Semiorka, cuyo diseño corría a cargo de la oficina de diseño OKB-1 de Serguéi Koroliov. El gobierno soviético se vio obligado a buscar un lugar de lanzamiento para el nuevo misil, ya que la antigua base de Kapustin Yar no reunía las condiciones adecuadas. El 20 de mayo de 1955 el Consejo de Ministros de la URSS emitió un decreto ordenando la búsqueda de un emplazamiento adecuado para la nueva base. Eran tres los requisitos que debían reunir los lugares candidatos. Por un lado, toda la trayectoria de vuelo desde el lugar de lanzamiento hasta la zona de impacto de la cabeza nuclear -situada en la península de Kamchatka- debía sobrevolar en todo momento el territorio de la URSS. De este modo, se podría comprobar el funcionamiento del misil gracias a las distintas estaciones de telemetría (denominadas IP) y guiarlo usando las estaciones RUP que se hallarían a lo largo de la trayectoria. El segundo criterio era que la ruta no debía pasar cerca de ninguna ciudad de gran tamaño. Por último, el centro de lanzamiento no debía estar al alcance de las estaciones de espionaje electrónico norteamericanas.
Mapa del cosmódromo de Baikonur.
Con estos requisitos en mente, la Comisión Estatal a cargo de Vasili Voznyuk propuso tres lugares. El primero estaba en la República de Mari, en Rusia, mientras que el segundo se hallaba en la República de Daguestán, al lado del Mar Caspio. Mari fue desechada por estar rodeada por densos bosques, mientras que Daguestán no pasó el corte por culpa de las montañas de la zona, que habrían dificultado las comunicaciones con las estaciones IP y RUP. Quedaba la tercera zona, situada en Kazjistán entre el Mar de Aral y la ciudad de Kzil Ordil. Cuando la Comisión Estatal presentó los posibles lugares al Ingeniero Jefe Serguéi Koroliov, éste se decantó sin dudarlo por Kazajistán, principalmente debido a que era uno de los sitios situados más al sur. Ya por entonces, Koroliov pensaba en usar el R-7 para alcanzar el espacio, y cuanto más al sur estuviese situado el centro de lanzamiento, mejor que mejor.
Una de las complicadas carreteras de Baikonur, con la rampa del Área 250 al fondo.
Dentro de la región de Kazajistán se identificaron a su vez tres posibles emplazamientos: la orilla del Mar de Aral y las estaciones de ferrocarril situadas en Baykhozha y en Tyura-Tam. Finalmente, sería esta última el lugar elegido por la Comisión Estatal. La estación de Tyura-Tam se encontraba en medio de la línea Moscú-Tashkent, relativamente transitada por entonces y en las orillas del río Sir-Daria, una fuente de agua potable muy útil para las locomotoras de vapor… y para sobrellevar el asfixiante calor de la estepa kazaja en verano.
El edificio MIK-KA (Área 254) donde se montan las naves Soyuz y Progress.
La construcción de la primera rampa se inició inmediatamente. Y no fue nada fácil. No existía ninguna infraestructura civil y las temperaturas oscilaban entre los 45º C del verano y los -35º C del invierno. Hasta 1955, el centro fue conocido solamente por su nombre en código, Taigá. Si alguien quería ponerse en contacto con el personal que vivía allí debía dirigirse simplemente al código postal 'Kzyl-Orda-50', cambiado después a 'Tashkent-90'. Durante la mayor parte de su historia, el nombre oficial del centro de lanzamiento fue Tyura-Tam, pero años más tarde las autoridades soviéticas decidieron llamarlo Baikonur para confundir a la inteligencia norteamericana, ya que este era el nombre de un pequeño pueblo kazajo situado a 280 kilómetros.
El cosmódromo de Baikonur es un lugar de contrastes. Junto a las instalaciones que están en servicio y que presentan un aspecto cuidado puedes encontrar numerosos edificios en mal estado o incluso abandonados. Sin lugar a dudas, el edificio más sorprendente es el edificio de montaje MIK-112 (Монтажно-Испытательный Корпус, МИК). Visto de lejos no parece nada del otro mundo: una nave industrial del montón. Y encima con la mitad del techo derruido. Sólo cuando te acercas puedes apreciar sus enormes dimensiones. Con sus 240 metros de longitud y sus 188 metros de anchura, el MIK-112 es un monstruo que impresiona. Nada más y nada menos que el equivalente ruso del VAB del Centro Espacial Kennedy. Y equivalente en todos los sentidos, porque este coloso se construyo a mediados de los años 60 para el montaje del malogrado cohete lunar N1. Posteriormente, sería remozado en los años 80 para albergar al conjunto Energía-Burán. El MIK-112 cuenta con tres enormes hangares (naves 3, 4 y 5) de 60 metros de altura, que resultaron parcialmente destruidos el 12 de mayo de 2002 cuando el techo se derrumbó por culpa de la acumulación de nieve. En el accidente resultó destruido el primer transbordador Burán, el único que alcanzó el espacio en 1988. Uno de los tres hangares destruidos ya se ha sido reparado, aunque el MIK-112 tiene otras dos naves laterales de 30 metros de altura que se usan en la actualidad para el montaje de los cohetes Soyuz-FG, Soyuz-U y Soyuz-2. La visión del amasijo de hierros del techo al lado de los 'nuevos' hangares es una auténtica metáfora del estado del programa espacial ruso.
El MIK-112 visto desde la Rampa de Gagarin.
Las puertas del MIK-112 por donde salía el cohete N1 y el Energía.
Los hangares derrumbados del MIK-112 (derecha) y el restaurado (izquierda).
Los hangares usado hoy en día para el montaje de los cohetes Soyuz. Desde aquí salen rumbo a las rampas del Área 1 y 31.
Los transportes del N1 y el Energía.
Un detalle de la cabina del transporte.
Rampa de lanzamiento del Energía en el Área 250 (UKSS).
Torre de servicio del Área 250.
El foso del Área 250.
Edificios MZK (derecha) y SDI del programa Burán (Área 112A).
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'El cohete es como una novia y los cosmonautas son los novios. Y como en cualquier boda que se precie, el novio no puede ver a la novia antes del gran día, es decir, el lanzamiento'. Esta es una de las muchas tradiciones y supersticiones que adornan el desarrollo de una misión tripulada Soyuz. Y lo cierto es que el traslado del cohete hasta la rampa es un ritual casi mágico. Si quieres verlo hay que madrugar bastante. La tradición obliga a que el traslado dé comienzo alrededor de las siete en punto de la mañana. El autobús te deja junto al mastodóntico edificio de montaje MIK-112 y sólo tienes que andar unos pocos metros para situarte junto a las puertas del hangar donde se ensambla el cohete (el antiguo y cercano edificio de montaje del Área 2 usado por Koroliov durante los orígenes del programa espacial ya no se usa y se encuentra abandonado).
El cohete comienza su traslado a la rampa.
La rampa de Gagarin desde el cruce.
El cohete se acerca con los edificios (SDI y MZK) del programa Energía-Burán detrás.
La tripulación de reserva de la Soyuz TMA-09M observa el traslado.
Casi puedes tocarlo.
Un servidor en la zona.
El cohete hacia la rampa.
Un guardia vigila que la gente no ponga monedas en las vías. Al fondo, el MIK-KA del Área 254.
Las fuerzas especiales vigilan con blindados la operación.
La rampa de Gagarin con el cohete de la Soyuz TMA-09M.
Justo antes de pasar cerca de la rampa las señales te indican que dentro de unas horas ésta va a ser una zona peligrosa cuando el cohete esté cargado de combustible.
¡Eureka en la Rampa de Gagarin!
La cofia con la torre de escape.
El foso de la rampa visto de cerca. Barmin hizo un gran trabajo.
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La entrada del Hotel de los Cosmonautas en Baikonur no tiene nada de llamativo. Situado en el norte de la ciudad en la carretera que conduce al cosmódromo, parece un complejo turístico más, no muy distinto a esos hoteles de la costa mediterránea española que conocieron tiempos mejores. La diferencia es más acentuada si lo comparamos con el nuevo hotel Baikonur, de corte moderno y construido recientemente al otro lado de la calle. Pero cuando llegas a la entrada te das cuenta de que este no es un hotel normal. Una pequeña señal se encarga de dejar claro que estás a punto de entrar en la mismísima zona de cuarentena de los cosmonautas. Eso y la presencia de varios militares armados hasta los dientes que se encargan de registrar tus pertenencias antes de acceder al recinto.
El exterior del hotel, con su famoso mural y el símbolo del Centro de Entrenamiento de los Cosmonautas (TsPK). La sala de prensa se encuentra justo en esta zona en la primera planta.
La señal a la entrada del Hotel de los Cosmonautas.
Entrada al hotel.
El emblema del TsPK en el hotel.
La tripulación principal y de reserva de la Soyuz TMA-09M durante la rueda de prensa.
El emblema de la misión.
El astronauta europeo Frank de Winne.
El pope de los cosmonautas.
La puerta de acceso a la zona de cuarentena en la sala de prensa.
Otro cartel de cuarentena, pero en el piso de los cosmonautas.
La puerta de Karen Nyberg.
La puerta de Luca Parmitano.
La sala de prensa, ya sin los cosmonautas.
El paseo de los cosmonautas con los árboles plantados por los mismos.
Los árboles de Gagarin (izquierda) y Titov (derecha).
Una tortuga que andaba por allí entre los árboles... ¿una veterana de las misiones Zond?
El árbol, o mejor dicho, el palo de Pedro Duque.
Un modelo del Protón junto al paseo de los árboles con el río Sir Daria detrás.
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Posted: 01 Jun 2013 03:58 AM PDT
El 24 de mayo a las 20:27 UTC la compañía ULA (United Launch Alliance) lanzó un cohete Delta IV M+ (5,4) (misión D-358) desde la rampa de lanzamiento SLC-37 de la Base Aérea de Cabo Cañaveral con el satélite militar de comunicaciones WGS-5 (USA 243).
Lanzamiento del WGS-5 (ULA).
El WGS-5 (Wideband Global Satcom 5) es un satélite de comunicaciones geoestacionario de 5987 kg construido por Boeing para la la Fuerza Aérea de los EEUU (USAF) usando el bus BSS-702. Se trata de la quinta unidad de la familia WGS lanzada desde 2007. El WGS-5 permite enlaces de comunicaciones en el rango de 500 MHz de la banda X y en el rango de 1 GHz de la banda Ka. La tasa de transmisión de datos es de 2,4-3,6 Gbps. El satélite puede gestionar las comunicaciones de hasta 19 zonas geográficas independientes. El WGS-5 es el segundo ejemplar de la serie mejorada Block II de la familia WGS. Posee 4 motores iónicos XIPS-25 (de 25 cm de diámetro)para el control de posición y su vida útil se estima en 14 años. La familia WGS (Wideband Gapfiller Satellite) nació en 2001 con el objetivo de suceder a la serie de satélites militares de comunicaciones DSCS-3. En 2007 su nombre se cambió a Wideband Global Satcom. Están controlados por el Army Wideband Satellite Operations Centers (WSOC). De acuerdo con el contrato original, Boeing debe construir otros cinco WGS.
WGS-5 (Boeing/ULA).
Póster de la misión (ULA).
El Delta IV M+ (5,4) es un cohete de dos etapas con una capacidad en órbita baja (LEO) de 11475 kg o 6555 kg en una órbita de transferencia geoestacionaria (GTO). Se trata de un lanzador EELV de la serie Delta IV con un sólo CBC (Common Booster Core) en la primera etapa, una segunda etapa de 4 metros de diámetro, una cofia de 5 metros y cuatro cohetes de combustible sólido SRM (Solid Rocket Motor) GEM-60. Emplea hidrógeno y oxígeno líquidos en sus dos etapas y, al igual que el Atlas V, está basado en un diseño modular para acomodar distintas cargas útiles según en varias versiones del lanzador.
Delta IV M+ (5,4) (ULA).
Evolución de los lanzadores Delta (ULA).
La familia Delta IV (ULA).
La segunda etapa del Delta M+ (5,4) está basada en la del Delta III y usa un motor RL10B-2, también fabricado por Pratt & Whitney Rocketdyne, con un empuje de 110 kN y un impulso específico de 462 s. Este motor está basado en el RL-10 desarrollado a finales de los 50 y que ha sido usado también en los cohetes Atlas y en la etapa Centaur.
Segunda etapa del Delta M+ (4,2), arriba, y la del Delta IV Heavy (abajo)(ULA).
El motor criogénico RL-10B-2 con la tobera extensible plegada (ULA).
Lugar de fabricación de los distintos componentes del Delta IV (ULA).
Montaje de los distintos componentes del Delta IV M+ (ULA).
La HIF (Horizontal Integration Facility), donde se integran los cohetes (ULA).
El SLC-37 en Cabo Cañaveral (ULA).
Fases del lanzamiento del WGS-4 (ULA).
Traza orbital (ULA).
Integración de la carga útil con el lanzador (ULA).
Retirada de la torre de servicio (ULA).
Lanzamiento (ULA).
Vídeo de los preparativos y el lanzamiento:
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Ver el lanzamiento de una nave Soyuz tripulada. El sueño de cualquier espaciotrastornado. Tras contemplar el traslado del cohete, las instalaciones del cosmódromo, la rampa y la rueda de prensa de los cosmonautas, el despegue se antojaba una especie de clímax perfecto para un viaje perfecto. Pero a medida que la cuenta atrás avanzaba inexorablemente hacia la hora cero, nuestra preocupación aumentaba. ¿Sufriría algún retraso el lanzamiento?¿Sería tan espectacular como esperábamos? Había recorrido casi ocho mil kilómetros desde Canarias para llegar hasta aquí. Como alguien que ya había visto el despegue de un vector espacial, temía en secreto que el lanzamiento me defraudase. Porque una vez visto uno, vistos todos, ¿no? Pronto saldríamos de dudas.
Mientras la tripulación se enfundaba en sus escafandras Sokol-KV2 en el edificio MIK-KA del Área 254 de Baikonur, nosotros poníamos rumbo al cosmódromo. Una vez más, pasamos por el control de la entrada y nos dirigimos hacia el Área 254. El trayecto desde la ciudad hasta el centro de lanzamiento requiere una media hora aproximadamente, tiempo suficiente para reflexionar sobre dónde estamos y qué es lo que estamos a punto de presenciar. Nuestra primera parada, el edificio MIK-KA. Allí asistiríamos a la tradicional despedida de los cosmonautas, ya embutidos en sus escafandras, rumbo a la rampa. El sol se había puesto tras el horizonte, pero la temperatura era de unos agradables veinte grados aproximadamente. Nos situamos frente al paseo de los cosmonautas, marcado en el suelo por unas líneas de color blanco. Al otro lado del paseíllo vemos a los familiares de la tripulación y la prensa internacional, incluyendo a las enormes cámaras de la NASA TV. Unos cuantos guardias vigilan que todos estén donde deben estar. A la derecha podíamos ver los dos autobuses encargados de llevar a los cosmonautas y la Comisión Estatal hasta la rampa, los mismos que se llevan usando para esta tarea desde los años 70.
Se acerca la hora del traslado a la rampa. Los autobuses arrancan sus motores y los miembros de la prensa ocupan posiciones. La Comisión Estatal se sitúa frente al paseo. Y entonces los tres cosmonautas -Yuri Yurchijin, Karen Nyberg y Luca Parmitano- salen del edificio rodeados por los flashes de los fotógrafos. Los familiares y amigos saludan a sus seres queridos mientras todo el mundo aplaude. Caminan con paso firme, pero se nota que las escafandras Sokol han sido diseñadas para permanecer sentado en el interior de la Soyuz, no para andar con ellas. Los cosmonautas están ligeramente encorvados por el peso y la forma del traje, lo que no resta solemnidad a la ceremonia. Tras recibir la autorización oficial para el vuelo por parte de la Comisión Estatal -un mero trámite-, la tripulación saluda militarmente y se dirige hacia los autobuses, rodeados por decenas de personas. Antes de que nos demos cuenta ya han abandonado el recinto del MIK-KA escoltados por varios coches de policía. Durante el camino a la rampa, que se encuentra a unos tres kilómetros, el convoy hará una parada para que los cosmonautas puedan orinar sobre la rueda del autobús, quizás la tradición más famosa y antigua de Baikonur y que se remonta al vuelo del mismísimo Yuri. Obviamente, no podemos asistir a la ceremonia, pero es de suponer que la norteamericana Karen Nyberg lleve consigo una pequeña muestra de orina en un frasquito para evitar tener que quitarse la escafandra.
Quedan poco más de dos horas para el despegue y nos dirigimos hacia nuestro punto de observación, situado en el helipuerto junto al punto de telemetría número uno (IP-1), a menos de kilómetro y medio de la rampa. Que podamos acercar tanto a la rampa es simplemente increíble. Cuando asistí al lanzamiento de la sonda Juno, la NASA me hizo firmar varios papeles que básicamente venían a decir que si me caía un trozo de cohete en la cabeza la responsabilidad era mía y que yo -o mi viuda, más bien- renunciaba a demandarlos ante los tribunales. Y eso que en aquella ocasión observamos el despegue desde unos cinco kilómetros de distancia. En esta ocasión nadie nos hizo firmar nada.
La noche es perfecta. Ni una sola nube se atreve a cubrir la estepa kazaja. El cielo estrellado no es tan impresionante como el canario, pero no deja de ser un espectáculo digno de admirar. Frente a nosotros, el cohete, aún rodeado por las torres de servicio. A la derecha, la Luna a escasa altura sobre el horizonte encima de los edificios del IP-1. La oscuridad a nuestro alrededor es casi absoluta y por un momento me pregunto si corremos peligro de ser mordidos por alguna de las famosas marmotas de la estepa que pululan por aquí.
Pero si alguna marmota decide visitarnos, yo no me doy cuenta. La cuenta atrás prosigue y tres cuartos de hora antes del despegue se retraen las torres de servicio. Ahora sabemos con seguridad que habrá lanzamiento. La tripulación ya no puede abandonar a pie el cohete y si tiene lugar alguna emergencia será la torre de escape (o sistema SAS) la encargada de alejarlos de la rampa como ya sucedió en 1983 con la Soyuz T-10-1. En esos mismos momentos, dos técnicos situados en el IP-5 Saturn situado a la entrada del cosmódromo están contemplando sendos botones a la espera de recibir una señal de emergencia. Si reciben la señal, ambos deben apretar los botones casi al mismo tiempo para activar el sistema SAS. Definitivamente, no me gustaría estar en su piel.
La tensión crece a medida que se aproxima T-0, la hora prevista del lanzamiento. El reloj marca la hora de la verdad y lo vemos. Un resplandor surge de la base del cohete, seguido poco después por una gran nube de humo que escapa del foso. Debido a la poca distancia que nos separa de la rampa, el sonido nos llega casi al instante. Y entonces ocurre. El cohete se levanta en medio de un rugido ensordecedor. La noche se vuelve día cuando los cinco motores del Semiorka iluminan la estepa kazaja como si fueran un sol en miniatura. Sientes las vibraciones del despegue a través del suelo. El crepitar del aire es casi molesto, pero estás tan emocionado que no puedes articular palabra alguna. Poco a poco, el cohete acelera y se eleva majestuosamente siguiendo una trayectoria casi vertical desde nuestro punto de vista. El ruido y la luz de los motores se atenúan a medida que la bestia cobra altitud, pero al ser de noche podemos seguir su ascenso sin dificultad alguna. Al pasar por la zona de máxima presión dinámica (Max-Q) a once kilómetros de altura vemos claramente como se forma condensación alrededor del vehículo. Dos minutos después del lanzamiento se separan los cuatro bloques laterales de la primera etapa, formando en el cielo nocturno la famosa Cruz de Koroliov. El cohete sigue acelerando y no parará hasta alcanzar los 28000 km/h. Yuri, Karen y Luca van ahora camino de la órbita baja terrestre. Decir que el lanzamiento ha sido espectacular es quedarse corto. Suena a tópico, pero lo cierto es que no hay palabras para describir el espectáculo que acabamos de presenciar. Todavía tengo la piel de gallina cuando miro a mi alrededor para comprobar que no estoy soñando. En esos momentos me siento como un verdadero privilegiado. Todo el mundo debería contemplar un lanzamiento espacial al menos una vez en su vida. Y sigo sin ver ninguna marmota.
El resplandor del cohete se va haciendo más y más débil, hasta convertirse en una pequeña estrella que se mueve hacia el horizonte atravesando la constelación de Cefeo. Resulta casi imposible imaginar que dentro de esa luz que se desplaza por el cielo hay tres personas que viajan rumbo al espacio. Casi tan imposible como que haya podido presenciarlo en persona.
La zona de la Rampa de Gagarin (17P325) del Área 1 del cosmódromo de Baikonur.
El paseo de los cosmonautas frente al MIK-KA.
Los dos autobuses que llevarán a los cosmonautas hasta la rampa.
Los cosmonautas ante la comisión estatal (RKK Energía).
Un traje Sokol-KV2 en el museo de Baikonur.
La noche es perfecta. Ni una sola nube se atreve a cubrir la estepa kazaja. El cielo estrellado no es tan impresionante como el canario, pero no deja de ser un espectáculo digno de admirar. Frente a nosotros, el cohete, aún rodeado por las torres de servicio. A la derecha, la Luna a escasa altura sobre el horizonte encima de los edificios del IP-1. La oscuridad a nuestro alrededor es casi absoluta y por un momento me pregunto si corremos peligro de ser mordidos por alguna de las famosas marmotas de la estepa que pululan por aquí.
El lugar de observación según Google Earth.
¡Lanzamiento! (RKK Energía).
El resplandor del cohete se va haciendo más y más débil, hasta convertirse en una pequeña estrella que se mueve hacia el horizonte atravesando la constelación de Cefeo. Resulta casi imposible imaginar que dentro de esa luz que se desplaza por el cielo hay tres personas que viajan rumbo al espacio. Casi tan imposible como que haya podido presenciarlo en persona.
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Como vimos en la primera entrega de estos diarios, Baikonur es una auténtica ciudad-museo. Cada calle, cada plaza, cada rincón esconde algún recuerdo o monumento dedicado a la exploración del espacio. Y no sólo al aire libre. Baikonur es famosa por tener varios de los mejores museos de temática espacial que uno pueda encontrar en el mundo. Dentro de la ciudad podemos visitar dos museos, además de un tercero que se encuentra dentro del recinto del cosmódromo -y del que hablaremos en una entrada posterior-. Nuestra primera parada es el Museo Histórico de Baikonur. A primera vista, este antiguo edificio soviético situado en medio de la ciudad no parece tener mucho que ver con el espacio. Pero no olvidemos que la historia de Baikonur es la historia de la conquista del espacio. El museo está dividido en tres zonas. La primera está dedicada a la construcción de la ciudad y el cosmódromo a partir de 1955, cuando la Comisión Estatal eligió la estación de Tyura-Tam como la futura base de lanzamiento del misil intercontinental R-7 Semiorka.
En el museo histórico de Baikonur se recrea la historia de la ciudad. Abajo, maqueta de la construcción de la Rampa de Gagarin en 1955.
Algunos trozos de cohetes y misiles situados a la entrada.
Estaciones de telemetría del cosmódromo.
Lanzadores soviéticos y rusos.
Zona de la cultura kazaja, con muñeca diabólica incluida.
La tercera sala es el paraíso para los espaciotrastornados.
Maquetas de un Vostok y un Soyuz junto con fragmentos reales de las primeras etapas.
Una aleta de la primera etapa de un cohete Soyuz junto con uno de los soportes de los bloques laterales.
Un mural de estilo soviético con Tsiolkovsky, Koroliov y Gagarin.
El malogrado N-1.
La zona de Khrúnichev: el Protón-M y el Angará A5.
Una maqueta del pobre Klíper.
¡Gloria al R-7 Semiorka!
Un trozo del satélite Velka, escacharrado después de que el lanzador Dnepr fallase durante el lanzamiento.
Un traje Forel ('trucha') perteneciente las tripulaciones de las Soyuz para amerizajes de emergencia.
Ojito con los combustibles hipergólicos.
Modelo de la estación Mir.
El libro que el turista espacial Richard Garriott llevó al espacio en la Soyuz TMA-13, un recuerdo de su niñez.
Un traje Sokol-KV2 en su asiento Kazbek-U.
Una maqueta de la rampa de Gagarin.
una auténtica cápsula VA del programa militar Almaz. No viajó al espacio, pero se trata de un ejemplar ciertamente único. Y lo bueno es que puedes tocar y manipular todo lo que quieras. Los alumnos de la escuela tienen acceso a todo este material desde pequeños y, de hecho, muchos de sus profesores son antiguos ingenieros que trabajaron en el cosmódromo. Tiene que ser una gozada estudiar aquí.
A la entrada de la escuela te encuentras un antiguo sistema de emergencia SAS de una Soyuz.
Escuela de Cheloméi.
Cohetes fabricados por los alumnos de la escuela de Cheloméi.
¡Un asiento eyectable K-36M del Burán!
Parte superior de un bloque lateral de un cohete Soyuz.
Puedes examinar en detalle los motores de un Protón.
El motor de un cohete R-1, el clon soviético de la V-2 alemana.
Traje con tubos de agua de un antiguo Orlán.
Un antiguo traje Orlán.
Un servidor dentro del Orlán. Es más grande de lo que parece por fuera.
Maqueta de una rampa de lanzamiento del Protón.
Un respeto a Vladímir Cheloméi.
Puedes tocar el equipo NAZ de supervivencia de las tripulaciones de las Soyuz.
¡Una cápsula VA de un carguero TKS de Cheloméi!
Detalle de la escotilla lateral (la VA tiene tres escotillas).
A los mandos de la VA. El interior es angosto, ¡y sin embargo es más grande que una Soyuz!
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En la anterior entrada de este diario detallamos la visita a los museos de temática espacial de la ciudad de Baikonur. Sin embargo, nos dejamos el que sin duda es el más interesante en todos los aspectos. Hablamos del Museо del Cosmódromo de Baikonur.
La Maqueta de un cohete Soyuz nos da la bienvenida al museo.
Un respeto, que estamos ante Gagarin.
El recinto del Museo y las casas de Gagarin y Koroliov en Google Earth (Google).
La parte más espectacular es sin duda alguna la exposición al aire libre en el patio del museo, donde se encuentra una lanzadera espacial Burán. Por supuesto, no se trata de la lanzadera Burán, la mítica nave 1K que voló al espacio en 1988 y que resultó destruida en 2002, sino del modelo OK-ML1. Aunque a veces se le designa de forma incorrecta como 'maqueta', la OK-ML1 -también denominada 4M u 11F35ML1- fue un modelo de ingeniería que sirvió para ensayar diversas operaciones críticas del programa Burán. Llegó a Baikonur en 1983 y se usó para todo tipo de pruebas, incluyendo varios ensayos de encendido de los motores de maniobra (recordemos que las lanzaderas del sistema Burán han sido las únicas naves que usaron queroseno y oxígeno líquido en los motores de control de actitud y para elevar la órbita). Tras la cancelación del programa Energía-Burán a comienzos de los años 90, la OK-ML1 permaneció abandonada en el Área 254 del cosmódromo. Allí estuvo pudriéndose a la intemperie hasta que en 2007 Roscosmos decidió trasladarla al museo y restaurarla.
El 'Burán' OK-ML1.
Parte trasera.
Posando con el Burán, que no se diga.
Las auténticas losetas térmicas del Burán (los trozos que faltan no nos los llevamos nosotros, palabrita del niño Jesús).
Aquí estamos comandando el Burán.
Una Soyuz 7K-T en el jardín.
Un motor RD-0120 a base de hidrógeno y oxígeno líquidos del Energía.
Un antiguo sistema de escape SAS.
Iván Ivánovich con su asiento eyectable.
En esta sala los cosmonautas dejan estampada su firma antes de partir al espacio.
Panel de control de los primeros cohetes R-7.
Construyendo la Rampa de Gagarin.
La rampa en la actualidad.
Modelos del R-7 Semiorka.
Uno de los primeros globos completos de la Luna.
Una cápsula Soyuz 7K-T.
Panel de mandos de la Soyuz.
Escotilla superior.
El Orlán-DMA te observa...
Traje de rutina en la Mir (izquierda) y el pijama con tubos de agua para el Orlán (derecha).
Un antiguo Sokol-KV de las Soyuz 7K-T.
¡Un motor NK-33 del cohete lunar N1! Es más grande de lo que me imaginaba.
La famosa maqueta del cosmódromo y la ciudad.
Una maqueta del UR-500 original.
Cohetes a tutiplén. Aquí los desarrollados por Yangel.
Interesante cartel con las distintas zonas de caída de las etapas de cada lanzador.
También podemos encontrar cohetes y motores de los pioneros de la cosmonáutica.
Otro traje Sokol-KV con un maniquí que da bastante yuyu.
El famoso libro de visitas del cosmódromo.
Toda esta zona es un paraíso para los fanáticos de los memorabilia, como dicen al otro lado del charco.
La casa de Gagarin.
La cama de Gagarin y su ropa. La cama de Titov está en la pared opuesta.
La cama del Ingeniero Jefe junto con su teléfono, todo un iPhone soviético.
Las placas conmemorativas en el exterior de las casas de Gagarin y Koroliov. ¡La humanidad comenzó la conquista del espacio desde aquí!
Una maqueta de las casas que se encuentra en el interior del museo.
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