Ingenieros militares españoles

La desorganización de los Ingenieros militares en el ejército español a principios del siglo XVIII, evidenciada por la escasez de medios en las campañas de la Guerra de Sucesión, hizo imperativa la constitución de un nuevo cuerpo militar integrado por ingenieros con formación competente y específica. Para ello fue determinante la participación en el ejército español de ingenieros franceses enviados por Luis XIV,formados en la Escuela Francesa de Fortificación bajo postulados de Vauban, al igual que la experiencia previa de la Academia Real y Militar del Ejército de Bruselas, desde donde sería llamado en 1709 el Marqués Jorge Próspero de Verboom con la tarea de articular la estructura del Real Cuerpo de Ingenieros Militares, tras ser designado por el Rey como Ingeniero General. Éste será finalmente instituido en 1711 bajo su dirección, estando asistido por siete ingenieros flamencos y dos franceses.

Quedaba deslindar competencias con otros cuerpos de la milicia que hasta el momento habían desempeñado funciones que Verboom reclamaría. Para ello en 1718 se redactan las Instrucciones y Ordenanzas para el Real Cuerpo de Ingenieros donde se especifica la capacidad del integrante del cuerpo de conocer

“la situación de las ciudades, villas y lugares; sus distancias, la calidad de los caminos, curso de los ríos, estado de los puentes y otras circunstancias; como también la constitución y estado de las plazas de guerra, puertos de mar, bahías, y costas,[…] y para la comodidad de los pasajeros, carreterías y para otros interesados, como por el deseo que tengo de mandar hacer en los referidos caminos, en los puentes y en otros parages, los reparos, y obras que se consideren convenientes”.

Poco a poco se irán diversificando las funciones, reestructurándose el cuerpo con el paso de los años en diferentes ramos, tales como el referente a la formación académica, el de la Marina Real (1770), el de fortificaciones (1774), o el de caminos, puentes, edificios de arquitectura civil y canales de riego y navegación (1780). En esta última unidad, al mando en el momento de su creación de Francisco Sabatini, se evidenció cierto intrusismo de los ingenieros en las competencias de los miembros arquitectos de la Real Academia de San Fernando, de modo que con Carlos IV se acabaría poniendo coto a las intervenciones arquitectónicas de estos profesionales.

Sin embargo, estas disposiciones tenían en su mayoría marcadas por la experiencia peninsular, permaneciendo habitualmente la realidad del territorio americano ajena a la de la metrópoli. Este pertinaz centralismo que desde Madrid se ejerció en América provocó también un desabastecimiento de arquitectos en todo el continente, quedando en muchas de las ocasiones como único personal facultado para la proyección y levantamiento arquitectónicos los escasos ingenieros militares destacados en los principales centros estratégicos.

Comentarios

Entradas populares de este blog