El nacimiento del buque acorazado
A mediados del siglo XIX los ‘buques altos’ dominaban los océanos; la combinación de navíos de línea y fragatas de madera con cañones de avancarga que había proporcionado la victoria al Imperio Británico sobre Napoleón a principios de siglo seguía siendo el estándar de flota de combate. Navíos de línea poderosamente armados con dos o tres cubiertas de cañones para hacer astillas a cualquier rival en una batalla decisiva; fragatas para encontrar al enemigo y patrullar las zonas de interés nacional.
Los avances tecnológicos pusieron en riesgo la supremacía de los veleros de combate: motores de vapor, artillería, cañones más potentes...
Algunos avances tecnológicos empezaban a poner en riesgo la supremacía de los grandes veleros de combate: los motores de vapor empezaban a ser lo bastante potentes y fiables, el avance de la siderurgia estaba abaratando las planchas de hierro y (sobre todo) el perfeccionamiento de la artillería amenazaba con hacer de los barcos construidos de madera poco más que blancos. Los nuevos cañones más potentes permitían disparar desde más lejos y los proyectiles explosivos (granadas) no se limitaban a perforar la madera sino que estallaban dejando grandes e irregulares agujeros en el casco imposibles de parchear. Los buques de madera, casi imposibles de hundir en la época de los proyectiles sólidos, empezaban a ser muy vulnerables.

El USS Monitor tras el combate de Hampton Roads (pueden verse abolladuras en el blindaje
La Guerra de Crimea y sus enfrentamientos entre buques aliados y defensas costeras rusas, la batalla (o masacre) de Sinope, la intervención de buques de vapor y algunos experimentos como el Lady Nancy del capitán británico Coles (con torreta giratoria) o las baterías blindadas francesas como el Lave, mostraron el camino. Buques como la fragata blindada francesa La Gloire o el británico HMS Warrior experimentaron con el despliegue de esas tecnologías. Aunque el nacimiento del acorazado se produjo en otro país diferente y por razones de imperiosa necesidad militar. La guerra era la Civil estadounidense (o de Secesión), y el surgimiento de este tipo de buque puede datarse en una fecha: la Batalla de Hampton Roads el 9 de marzo de 1862, entre el CSS Virginia (ex-USS Merrimack) y el USS Monitor.

El USS Monitor tras el combate de Hampton Roads (pueden verse abolladuras en el blindaje
La Guerra de Crimea y sus enfrentamientos entre buques aliados y defensas costeras rusas, la batalla (o masacre) de Sinope, la intervención de buques de vapor y algunos experimentos como el Lady Nancy del capitán británico Coles (con torreta giratoria) o las baterías blindadas francesas como el Lave, mostraron el camino. Buques como la fragata blindada francesa La Gloire o el británico HMS Warrior experimentaron con el despliegue de esas tecnologías. Aunque el nacimiento del acorazado se produjo en otro país diferente y por razones de imperiosa necesidad militar. La guerra era la Civil estadounidense (o de Secesión), y el surgimiento de este tipo de buque puede datarse en una fecha: la Batalla de Hampton Roads el 9 de marzo de 1862, entre el CSS Virginia (ex-USS Merrimack) y el USS Monitor.
La Guerra Civil estadounidense empezó cuando Carolina del Sur proclamó unilateralmente la independencia de EEUU en diciembre de 1860 tras la elección de Abraham Lincoln como presidente; para cuando se dispararon los primeros cañonazos el 12 de abril de 1861 en Fort Sumter, seis estados se habían unido a la secesión y tres más lo harían posteriormente proclamando un nuevo estado: la Confederación de Estados Unidos de América. Para dominar la rebelión los Estados Unidos implementaron el Plan Anaconda de bloqueo marítimo y fluvial, cuyo objetivo era impedir a la Confederación el acceso al mercado internacional para proveerse de armas y vender algodón, su principal producto de exportación. Para esta estrategia era vital el control del estuario de Hampton Roads, en el estado secesionista de Virginia, con su base naval de Norfolk.

Reproducción de la torreta del USS Monitor
La práctica totalidad de la flota estadounidense había quedado en manos del gobierno de Washington que se apresuró a ordenar el bloqueo completo de Hampton Roads. La Confederación necesitaba forzar el levantamiento de ese bloqueo, pero carecía de buques y de la industria necesaria para construirlos. Esto obligó a los confederados a innovar y a aprovechar lo poco que tenían a su disposición, como los restos del casco de la fragata de vapor USS Merrimack que los federales habían incendiado al abandonar Norfolk y que había ardido hasta la línea de flotación: sólo quedaba la parte inferior del caso y los motores. Provista de una nueva superestructura tendría que servir. Y así nació el CSS Virginia, el primero de los combatientes de Hampton Roads.
El Virginia era un tipo de buque particular: un ariete de casamata blindada. Sobre los restos del casco del Merrimack se erigió una superestructura truncada recubierta por 2 capas de planchas de hierro de 2 pulgadas (total 101,6 mm de grosor) con un perfil inclinado para que ofreciera mayor resistencia a los impactos. Estaba armado al modo convencional, con los cañones a ambos lados, y disponía de 10 piezas; 6 tipo Dahlgren de calibre 9 pulgadas (229 mm) y 2 de anima lisa de 6,4 pulgadas (151 mm), la mitad a cada lado. En proa y popa llevaba 2 cañones de anima estriada de 7 pulgadas (178 mm) y en la parte superior de la casamata dos obuses de 15 libras (proyectil de 5 kg de peso) como armas antiabordaje. El arma principal, sin embargo, se esperaba que fuese un espolón situado bajo la proa, ya que se pensaba que los cañones serían inútiles ante barcos blindados del enemigo.
El motor del Merrimack, que ya era problemático cuando estaba intacto, fue reparado y se consiguió que funcionara y diera al buque 9 nudos de velocidad con dificultades; durante la batalla había técnicos civiles trabajando y el barco nunca realizó pruebas de mar. Entre otros graves defectos los portillos para cerrar las 14 troneras no se instalaron, el radio de giro era enorme y su calado bastante alto (6,4 m), lo que supuso graves problemas tácticos. Pero al comenzar el combate esto no supuso un problema: en su primera salida el 8 de marzo de 1862 el CSS Virginia (acompañado de algunos buques menores) atacó resueltamente a la flota federal de bloqueo compuesta íntegramente de veleros de madera. El resultado fue una carnicería.
El blindaje del Virginia resultó ser resistente a los disparos de los buques federales mientras que sus cañones hacían trizas los barcos de madera.
El blindaje del Virginia resultó ser absolutamente resistente a los disparos de los buques federales mientras que sus cañones disparando granadas explosivas hacían trizas los barcos de madera. En su primer enfrentamiento el Virginia destrozó al USS Cumberland antes de pasarlo por el espolón, mandándolo al fondo sin más daño que la pérdida de la pieza. Luego se dirigió hacia el USS Congress que intentando huir encalló y acabó por rendirse. Tras la rendición baterías de tierra atacaron al Virginia, que en represalia cañoneó al Congress con balas al rojo vivo, incendiándolo. El buque confederado, con escasos daños superficiales, se dirigió entonces hacia el USS Minnesota, encallado también. Con su velocidad reducida, su calado y su gran radio de giro no pudo acercarse lo suficiente para rematarlo aquel día, de modo que se retiró para regresar al día siguiente a la luz de las llamas que devoraban al Congress.
USS Monitor, el acorazado construido en 100 días
Los acontecimientos del día parecieron dar la razón a quienes temían que aquel monstruo pudiese hacer pedazos la flota de la Unión y levantar el bloqueo, e incluso quizá algo peor: altos cargos en Washington temían que el Virginia pudiese entrar por el río Potomac y atacar la mismísima capital federal. El Norte estaba aterrorizado ante aquella máquina invulnerable. Pero cuando el acorazado sureño regresó a Hampton Roads la mañana del día 9 algo se interpuso en su camino: un extraño engendro difícil de describir. Era el USS Monitor, un acorazado construido en apenas 100 días por la poderosa industria del Norte según el diseño del inventor de origen sueco John Ericsson con la misión de detener al Virginia. Ambos diseños no podían ser más diferentes.
El Monitor fue descrito en la prensa de la época como ‘quesera sobre balsa’ o ‘la locura de Ericsson’, entre otros epítetos. Su diseño era radical.
El Monitor fue descrito en la prensa de la época como ‘quesera sobre balsa’ o ‘la locura de Ericsson’, entre otros epítetos. Su diseño era radical: en lugar de una cubierta de cañones disponía tan sólo de dos piezas de artillería, dos enormes Dahlgrens de calibre 11 pulgadas (280 mm), aunque se diseñó para llevar cañones de 15 pulgadas (380 mm) que no se terminaron a tiempo. Los cañones iban montados en una torre cilíndrica blindada con 8 pulgadas (203 mm) de hierro que podía rotar en cualquier dirección mediante unos motores de vapor. El casco tenía la borda muy baja para imposibilitar impactos directo y contaba con su propio blindaje. Un motor de vapor y una hélice optimizada por el propio Ericsson le permitían alcanzar 6 nudos; el barco, y su tripulación, eran mucho más pequeños que el Virginia.
El resultado del enfrentamiento no pudo ser más pirotécnico, ni sorprendente: ambos contendientes se cañonearon a placer durante más de cuatro horas sin que ninguno pudiese herir en serio al otro. Las planchas inclinadas del Virginia aguantaron los impactos de los cañones del Monitor igual que la torreta de éste resultó impenetrable por los disparos de aquel. El buque confederado intentó infructuosa y torpemente acercarse al herido Minnesota y el Monitor maniobró a su alrededor para impedírselo. Al final los dos barcos se retiraron y cada uno se atribuyó la victoria táctica; la estratégica fue del Monitor, que impidió el levantamiento del bloqueo. Poco después las tropas federales desembarcaron y tomaron la zona; para impedir que lo capturasen los confederados incendiaron y hundieron el CSS Virginia.

Los planos originales del USS Monitor
El Monitor no tuvo mucha mejor suerte: tras participar en algunos combates en la región se le ordenó unirse a la fuerza de bloqueo en los Outer Banks de Carolina del Norte y se hundió durante una tormenta cuando era remolcado hacia allá. El barco de Ericsson no era muy marinero y la junta entre la torreta y la cubierta siempre dio problemas ya que no era estanca. El primer acorazado de torreta en participar en un combate entre buques blindados naufragó el 31 de diciembre de 1862 cerca del cabo Hatteras. Allí mismo fue localizado en 1973; una serie de expediciones submarinas permitieron recuperar buena parte del navío a principios de milenio.
Hoy la torreta del Monitor está en un enorme tanque de desalación y tratamiento en The Mariners Museum (museo de los marinos) en Newport News, Virginia, a orilla de Hampton Roads. Los arqueólogos trabajan en estabilizar las ocho capas de hierro forjado que forman la torre e intentan eliminar las sales y concreciones que ponen en peligro el metal. El museo dispone de sendas réplicas de la torreta, tal como se encontró y como era en su estado original, así como un facsímil del buque entero y una copia de la proa del CSS Virginia. Además, claro está, de numerosos artefactos recuperados del naufragio como el ancla, la hélice, el motor (que se desala en otro tanque) y objetos varios, desde botellas a pipas. Pocos barcos tienen el honor de dar nombre a una clase de navío, pero todos los acorazados costeros de torreta blindada son conocidos desde entonces y para siempre como ‘monitores’.
Tras el combate de Hampton Roads las potencias navales empezaron a crear barcos de metal, blindados y armados con cañones y torretas.
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