El motín de la Bounty

Corría el año 1787 y el Imperio Británico buscaba soluciones para las hambrunas de esclavos en el Caribe. En sus viajes, el Capitán Cook había encontrado la fruta del pan, un fruto propio del Pacífico que se revelaba ideal para alimentar de forma barata a los esclavos de las islas caribeñas. Así, el Bounty partió de Inglaterra con el objetivo de recoger un cargamento de plantas del pan y transportarlas al Caribe. El mando del navío le fue dado a William Bligh, quien había demostrado su valía viajando con el propio Capitán Cook en previas exploraciones.

Los acontecimientos narrados a continuación han sido ampliamente documentados y fruto de diversas investigaciones desde el año mismo de los hechos hasta hoy. Debido a la naturaleza la historia, los detalles varían dependiendo de los testimonios. Gracias al trabajo de la periodista Caroline Alexander disponemos de un libro que recoge todos los puntos de vista sobre este famoso motín.

La Bounty llegó a las costas de Tahití en octubre de 1788, casi exactamente un año después de dejar Inglaterra, con un viaje de 50.000 km en sus velas. Permanecieron 5 meses en la isla, esperando a la estación propicia para el transplante de las plantas del pan. Durante esos meses, los marineros establecieron relaciones con los nativos, algunos de ellos incluso formaron relaciones formales de pareja. Otros llevaron una vida moralmente relajada que jamás se habrían atrevido a experimentar en las islas británicas. Los diarios de a bordo cuentan que hasta 18 hombres recibieron tratamiento por infecciones venéreas.

En abril de 1789 el Bounty abandonó la isla de Tahití, siendo Bligh el único que no había creado vínculos con los nativos y no se sentía aflijido por dejar lo que para la mayoría de la tripulación había sido una estancia en el paraíso de 5 meses. A partir de ese momento, la pena de la tripulación se sumó a la rabia contenida que Bligh descargaba sobre ellos, especialmente hacia su segundo, Fletcher Christian, quien acabaría por estallar cuando el navío pasaba a 56 km de la isla de Tofua.

Fletcher Christian no podía soportar más las constantes humillaciones por parte de Bligh, y en la noche del 28 de abril de 1789 tomó la resolución de desertar y probar su suerte en las islas próximas con los nativos. Sin embargo, sabía del descontento de otros oficiales, y tras conversar con algunos de ellos decidieron tomar el control del navío.

La idea era dejar a Bligh en un bote, con un barril de agua y algunas raciones de comida. Lo que no supieron preveer los amotinados fue la cantidad de marineros y oficiales que decidieron permanecer leales a su capitán. En el bote pronto se juntaron más de 20 personas. Estaba claramente sobrecargado. Todavía más gente manifestaba su deseo de abandonar el Bounty con su capitán, pero era físicamente imposible. Bligh prometió a aquellos que permanecieron en el navío que no olvidaría su lealtad, y que si algún día conseguía volver a Inglaterra recordaría que su voluntad había sido la de acompañarle.

Así pues, el experimentado capitán fue abandonado en mitad del Pacífico, en un bote claramente sobrecargado y con raciones de comida y agua para no más de 5 días. Con nada más que un sextante y una brújula, Bligh debería conducir un bote que apenas se alzaba sobre la superficie del agua de vuelta hacia la civilización. Sus diarios de a bordo y cartas de navegación, el trabajo de 15 años de surcar los océanos, le habían sido arrebatados.

Lo que Bligh consiguió en tan terribles circunstancias pasaría a la historia y le daría reputación de por vida como uno de los mejores navegantes. Después de intentar detenerse en algunas de las islas y verse obligada a huir por la hostilidad de los nativos, la tripulación decidió emprender la difícil tarea de llegar a la isla de Timor, bajo control holandés. Era una distancia de 6.500 km en un bote semihundido y sin mapas. No era un plan ideal.

En la travesía hubo que soportar tormentas y frío sin tener ningún refugio, así como racionar la comida al límite. El bote de Bligh fue la primera embarcación europea en pasar a través de las islas Fiji, aunque no se atrevieron a detenerse por miedo al canibalismo de los nativos. Alcanzaron las costas de Timor en un estado miserable tras 6 meses de travesía, pero consiguieron llegar. Cuando finalmente Bligh obtuvo un pasaje para volver a Inglaterra desde Jakarta habían pasado dos años desde su partida de Europa.

De vuelta en casa Bligh dio cuenta de lo sucedido y presentó cargos judiciales contra los amotinados. Su relato de los hechos, como era de esperar, no fue nada benevolente con su tripulación ni autocrítico con su modo de mando. En noviembre de 1790 el navío Pandora emprende el camino hacia Tahití para encontrar a los amotinados y llevarlos ante el juez.

Tras el motín el Bounty volvió a Tahití. Fletcher Christian, sin embargo, sabía que no debía permanecer allí, pues era posible que Bligh consiguiera llegar a Inglaterra y enviar a las autoridades tras ellos. La mayoría de la tripulación, no obstante, deseaba quedarse. Christian autorizó a 15 de ellos a que se establecieran en la isla, pero a otros 8 los obligó a permanecer en el navío. Un día organizó una fiesta a bordo, y cortó amarras para zarpar llevándose cautivos a todos cuantos estaban sobre el barco. Abandonaron Tahití 9 de los amotinados y 20 nativos, de los cuales 14 eran mujeres.

El 15 de enero de 1790 Christian encontró la isla de Pitcairn. Deshabitada, ofrecía un excelente refugio. Sobre todo, porque aunque había sido cartografiada por el Capitán Cook, aparecía en todos los mapas con un error de posición de 348 km. El escondite le era servido en bandeja de plata.

Nadie pasó por allí hasta 1808, cuando apareció un buque americano llamadoTopaz. Las autoridades británicas no supieron de las noticias del Topaz hasta 1814, y la expedición que enviaron no llegó a Pitcarn hasta 1811. En ese momento, los amotinados junto con los nativos habían ya formado una comunidad estable, y los que salieron a recibir el barco eran ya nacidos en Pitcairn. Las autoridades decidieron no tomar acciones y la comunidad de Pitcairn siguió su curso. En la isla, la figura de Christian es admirada como alguien que puso fin a los abusos e injusticias de Bligh. El relato de los hechos, por lo tanto, difiere de la versión que el capitán popularizó en Inglaterra. Hay que señalar que el propio relato de Bligh perdió peso con los testimonios de los amotinados que volvieron para ser juzgados, pues fueron apresados por el Pandora en Tahití.

Como toda buena historia, la del Bounty puede ser vista desde diferentes perspectivas, y aunque al principio imperó la visión de Bligh, que luego fue suavizada por los testimonios de los implicados; finalmente el cine del siglo XX encontró mucho más útil la perspectiva de los marineros que se amotinaron por amor, y convirtieron a Bligh en un tirano insoportable y a Christian en un héroe. El motín del Bounty era ya una de las historias de mar más famosas del mundo, y diferentes películas se rodaron sobre ella.

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