RESILIENCIA: SOBREPONERSE A LOS GOLPES DE LA VIDA
[Saber que la Vida se abre camino]
Patricia
RAMÍREZ, en el diario El País, de 1
diciembre 2013
Las personas resilientes ven los problemas como
misterios a los que hay que dar salida.
Abandone el victimismo, le dejará fuera de juego.
“El que puede cambiar sus pensamientos,
puede cambiar su destino” (Stephen Crane).
“El hombre que
se levanta es aún más fuerte que el que no ha caído” (Viktor Frankl).
“La totalidad está
presente incluso en las piezas rotas” (Aldous Huxley).
Cada
vez que en alguna presentación de equipos pongo el vídeo de Rocky, cuando habla con
su hijo y le dice durante el discurso: “Hay
que soportar sin dejar de avanzar; si tú sabes lo que vales, ve y consigue lo
que quieres. Pero tendrás que soportar los golpes de la vida”, me emociono.
Frente
a los problemas, más o menos graves, parecidas circunstancias socioeconómicas,
familiares y laborales, hay personas que se hunden y que contemplan la vida
como un lugar en el que ya no hay capacidad de reacción, o personas que piensan
que la vida vale la pena, que ahí fuera quedan oportunidades para todos, y que
a mal tiempo, buena cara.
La
resiliencia se define como la capacidad de soportar los golpes y los avatares
de la vida y sobreponerse a las circunstancias. La persona resiliente sufre,
siente y padece, pero no se recrea en estas emociones, no se recrea en el
dolor. Sino que lo interpreta como parte del proceso, o del bache. El dolor y
las circunstancias difíciles forman parte de la vida, son parte del juego.
¿Alguna
vez se ha preguntado si tiene resiliencia? ¿Es capaz de olvidar el pasado,
sobreponerse y mirar hacia delante?
Imagine
la existencia como un juego; un juego en el que parte de las reglas las escribe
usted, pero otra parte vienen determinadas. La definición que haga de cada
piedra determina la forma como se enfrenta o huye de ella. Si vemos la vida
como ese lugar en el que tiene que aprender a vencer obstáculos, luchar como un
guerrero fuerte contra los dragones, un tablero con pruebas de lógica y
estrategia en las que debe pensar para resolver las situaciones, seguro que
será más atractivo que si define las piedras como mala suerte, desgracias, o
como algo dado en lo que no puede intervenir. Esta visión le hace ser víctima y
no protagonista.
La
vida es un juego en el que tiene que ganar; entendido este concepto como la
capacidad de ir solventando obstáculos, aprendiendo de los errores y de sus
victorias, siendo feliz y disfrutando de los detalles. Y también significa no
dejar que el pasado le condicione, de tal forma que siempre pueda estar en la
casilla de salida. Siempre hay oportunidades, pero se deben tener los ojos bien
abiertos para poder verlas. Su atención es como un faro que alumbra en la
oscuridad. Deje de enfocar a lo que no funciona, esto no le va a ayudar a
avanzar.
¿Por qué hay
personas con resiliencia y otras no? ¿Podemos entrenarnos para convertirnos en
alguien resiliente, o se tiene que aceptar el victimismo y el derrotismo como
modo de vida? Es importante tener
presente:
Aceptar la parte
injusta de la vida. Todos vivimos alguna vez una
situación que no nos merecemos. ¿Qué hacer? La decisión inteligente es centrar
la atención en cómo puede actuar para sumar. Refunfuñar, quejarse sin sentido,
dedicarse a hurgar en la herida no le devolverá la justicia. Abandone el
victimismo, le hace débil y le deja fuera de juego.
Valorar sus
recursos y capacidades. Se percibirá como alguien
valioso si le da valor a lo que funciona, si en su memoria están más presentes
los éxitos que los fracasos. Tener un autoconcepto positivo da confianza y
autoestima. Es importante fomentar esto en los niños, para que sean adultos
resilientes. Reconozca y potencie sus fortalezas.
Cómo observa su
potencial. A pesar de que el juego de la vida le
haya ganado una partida, quedan muchas por delante. Debe contemplarse como
alguien con capacidad para volver a superarse. ¿Por qué? Porque tiene capacidad
de aprendizaje. Los fracasos nos dicen cómo no hacer algo, pero no dicen que no
sea capaz de volver a intentarlo. Analice el error para aprender de él. Y luego
haga borrón y cuenta nueva. Es el momento de empezar otra vez.
Solución de
problemas. Las personas resilientes ven los problemas
como misterios a los que hay que dar salida. No son problemas que bloquean sus
vidas. Son enigmas, juegos y pruebas. Imagine que es otra persona, con una
manera distinta de observar el mundo… más positiva, más atrevida, más creativa.
Intente buscar propuestas desde ese punto de vista.
Diga adiós al victimismo. Las personas
resilientes no se lamentan de su pasado, ni del que ellos provocaron, ni del
que fueron víctimas. Su pasado les sirve para analizar y tomar decisiones, pero
no para sufrir. Su atención está puesta en hoy, en qué puedo hacer ahora para
ser más fuerte, más feliz y para alcanzar mi objetivo. Se trata de evitar que
la vida decida por usted. Deje de mirar por el retrovisor.
Implicarse con
responsabilidad. A principio de los años setenta,
Kobasa y Maddi definieron la personalidad resistente. Y una de sus virtudes era
la responsabilidad con lo que depende de uno mismo. Busque atribuir sus éxitos
y sus fracasos a variables internas suyas. Así sabrá qué tiene que repetir la
próxima vez que se enfrente a un reto y qué tiene que cambiar para mejorar ante
futuros problemas.
Comprométase. El compromiso es una de las características de los resilientes.
Depende de su escala de valores, del respeto que tenga a su palabra. Pero
también está vinculado a su implicación, a cómo se involucra en sus
obligaciones y en sus placeres. Tener compromiso significa decir que va a hacer
algo y hacerlo; tener palabra con uno mismo y con los demás. Si tiene dudas de
no ser capaz de llevar a cabo lo que está diciendo, es mejor pecar de prudente
que de bocazas.
Ponga un ritmo
diferente en su vida. Si se dedica a pasar por la
vida a toda velocidad, no será consciente de qué le está pasando, de qué puede
disfrutar ni de vivir en el presente. Querrá todo el rato buscar la felicidad
en el futuro, llegar a ese lugar en el que cree que será feliz. Pero la
felicidad está aquí, hoy, con usted y con todo su entorno. Tiene que aprender a
relacionarse de forma diferente, de manera que le favorezca, que sea capaz de
contemplar y degustar lo que ve, oye, siente, huele y toca. El presente es el
lugar en el que tiene margen de maniobra, no lo desprecie ni lo ningunee.
Observe la vida
de forma positiva. Confíe en que la vida le
deparará momentos felices e involúcrese para conseguirlo. Puede dirigir su
cerebro, su mente, sus pensamientos, y orientarlo como un radar para buscar los
aspectos positivos. Su manera de pensar determina en gran parte cómo se siente
y las cosas que hace.
Buscadores de
tesoros. La vida es un continuo desafío, un lugar
en el que aparecen oportunidades. Si se aferra a la idea de que hay un tren y
que si no se sube al vagón preferente perderá la oportunidad, se está
condicionando. La vida está llena de trenes, de todos los tipos y de todas las
clases; si no pasa hoy, será mañana. En alguno tiene que subirse, pero no hay
solo uno que si se le pasa, pierda la oportunidad. La vida ha dejado de tener
ese carácter de “para toda la vida”. Ahora se acepta el cambio, tanto en la
vida personal como en la profesional.
Enfrentarse en
lugar de huir. Los resilientes postergan menos.
¿A qué le conduce postergar? A nada positivo. Solo a que retrase la obligación,
se sienta mal consigo mismo y le aumente el nivel de pereza y ansiedad para
resolver lo que tiene pendiente. Los obstáculos se analizan, se solucionan, se
saltan, pero no se evitan. Evitar no es la solución, sino parte del problema y
de su malestar. No tenga miedo, ni siquiera a pasarlo mal. ¿Realmente lo va a
pasar tan mal “metiéndole mano al asunto”? Seguro que no, es más lo que cree
que es que lo que realmente tiene frente a usted.
Recuerde: la vida no le deja en el camino si usted no se
lo permite.
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